Calendario

Mayo 2008
LunMarMierJueVierSabDom
 << < > >>
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031 

¿Quién está en línea?

Miembro: 0
Visitante: 1

rss Sindicación

MARIA NUESTRA MADRE TE QUIERE LLEVAR A JESUS, SU HIJO AMADO.


El Papa Juan Pablo II, en su viaje a Siracusa el 6 de noviembre de 1994, dijo: Las lágrimas de María pertenecen al orden de los signos; testimonian la presencia de la Madre en la Iglesia y en el mundo. Llora una madre, cuando ve que sus hijos son amenazados por cualquier mal, espiritual o físico. Llora María, participando del llanto de Cristo sobre Jerusalén o junto al sepulcro de Lázaro o sobre el camino de la cruz. Son lágrimas de dolor por cuantos rechazan el amor de Dios... Son lágrimas de oración. Oración de la Madre que eleva sus súplicas por quienes no rezan, porque están distraídos por miles de intereses o porque están obstinadamente cerrados a Dios. Son lágrimas de esperanza, que rompen la dureza de los corazones y los abren al encuentro con Cristo Redentor.

. María sigue llorando para mover a los hombres a la penitencia y a la conversión. ¿Escucharás las lágrimas de María que también llora por ti?   ÁNGEL PEÑA O.A.R.LIMA – PERÚ  2006  MILAGROS VIVIENTES

      

15 Mar 2008
Admin · 14 vistas · Escribir un comentario
A CRISTO POR MARIA

A CRISTO POR MARIA

A Cristo Eucaristía llegamos por María. María es el camino más corto, más fácil y más seguro para llegar a Jesús. Ella es el mejor sagrario de Jesús. Y en la hostia santa, junto a Jesús, siempre está María y  lo adora, porque también es su Dios. María es “María del sagrario” y su principal función es pasar su cielo al pie de los sagrarios con su Hijo Jesús. Allí escucha nuestras plegarias y atiende nuestros gemidos y oraciones. Allí está de día y de noche, en invierno y en verano, en el último sagrario abandonado y en el más visitado. Y allí estará María, mientras haya en el mundo una hostia consagrada. Por eso, podríamos también llamarla “María de la Eucaristía” o “María del Santísimo Sacramento”. Ella, desde el sagrario, nos invita a amar a Jesús y nos dice con ternura y estremecimiento: Tratádmelo bien, porque es el hijo de mis entrañas, es sangre de mi sangre. No lo maltratéis, recibiéndolo con el alma manchada. María nos enseña a amar y adorar a Jesús Eucaristía. En las apariciones de Fátima, vemos cómo el ángel de Portugal, que viene a preparar a los niños para la visita de María, les da la comunión y les enseña la bella oración “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores”. Cuando María se aparece a Lucía el 10 de diciembre de 1925, le pide la comunión de los cinco primeros sábados y le dice: “Mira, hija mía, este Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con sus blasfemias e ingratitudes Tu, al menos, procura consolarme y di a todos aquellos que durante 5 cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la santa comunión recen la tercera parte del rosario y me hagan compañía quince minutos, meditando en los misterios del rosario, que prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”. Igualmente, en la visión que tiene Lucia el 13 de Junio de 1929 en la capilla de su convento, estando en Tuy (España), ve al Padre celestial de medio cuerpo; debajo, la paloma del Espíritu Santo, y a Cristo en la cruz. Al pie de la cruz, estaba María con su Corazón Inmaculado y, al otro lado de la cruz, estaban escritas las palabras “Gracia y Misericordia”. Pero del costado de Cristo salía un chorro de sangre, que caía sobre un cáliz, y una hostia grande. La sangre del rostro del crucificado y de la herida del pecho, caían primero sobre la hostia y, escurriendo por la hostia, caían dentro del cáliz. Como si quisiera indicarnos con esto que todos los méritos conseguidos por la Pasión y Muerte de Jesús nos vienen al mundo por la Eucaristía y nos vienen a nosotros por manos de María, que es la administradora de los bienes divinos, conseguidos por Cristo, que es el único y verdadero Salvador. Así podemos comprender cuánto amor tenía Lucía de Fátima, como todos los santos, a Jesús sacramentado. No nos puede extrañar  que en una carta, dirigida al P. Valinho el 13 de Abril de 1971 le dijera: “Lo que más le recomiendo es que se acerque al sagrario a orar: Allí encontrará la fuerza y la gracia que necesita para mantenerse firme. Verá cómo ante el sagrario encontrará más ciencia, más luz, más fuerza, más gracia y virtud que nunca podrá encontrar en los libros, en los estudios ni junto a criatura alguna. No dé nunca por perdido el tiempo dedicado a la adoración... Estoy convencida de que la falta de oración es el peor mal del mundo actual”. En el sueño que tuvo S. Juan Bosco el 30 de mayo de 1862, aparecía la barca de la Iglesia, dirigida por el Papa y amenazada por sus enemigos. En el centro del mar había dos grandes columnas, una representaba a María y la otra a la Eucaristía; cuando el Papa se aferró a ellas, desaparecieron sus enemigos. María y la Eucaristía son las dos columnas fundamentales de nuestra fe. María nos lleva a Jesús Eucaristía. En Roma, en el lugar llamado Tre Fontane, donde María se apareció varias veces a partir del 12 de abril de 1947 a Bruno Cornacchiola, un adventista que se convirtió, se celebró una misa el 7 de Noviembre de 1979, a la que asistieron miles de personas. En el momento de la elevación de la hostia, el sol empezó a girar vertiginosamente sobre sí mismo, como en el milagro de Fátima, irradiando luces de todos los colores. Y en el disco solar, que podía mirarse sin causar daño a los ojos, se formaron una M, significando a María, y una hostia grande con las letras JHS, para significar la Eucaristía. En las apariciones de María en Medjugorje, María ha recomendado la asistencia diaria a la misa y esto ha hecho transformar la vida de este pequeño pueblo. Ella ha insistido mucho en cinco puntos para afianzar nuestra fe. Primero la Eucaristía, la Palabra de Dios, el rezo del rosario, la confesión mensual y la penitencia con oración.      




¡Que bella es María!
Bemardita, la vidente de la Virgen en Lourdes, nos dice que “la Virgen es bella, tan bella que quien la vea una sola vez, querrá morir para volver a verla; tan bella que, cuando se la ha visto, ya no hay corazón que pueda amar cosa alguna de la tierra”. Melania, la vidente de La Salette la describe así: “Su fisonomía era majestuosa, imponía un temor respetuoso, pero lleno de amor, pues atraía hacia sí. Su mirada era dulce y penetrante, sus ojos parecían hablar con los míos. La dulzura de su mirada, su aire de bondad incomprensible hacía comprender que Ella quería darse. Era una explosión de amor, que no puede expresarse con lenguaje humano. Era muy bella y toda hecha de amor. Parecía que la palabra amor se escapaba de sus labios, plateados, purísimos. Me parecía como una buena madre, llena de bondad, de amabilidad, de compasión, de misericordia y de amor.
 La vista de la Santísima Virgen era de por sí sola un paraíso cumplido. Su voz encantaba, cautivaba, alegraba el corazón. Y mi corazón parecía saltar o querer ir a su encuentro para derretirse en Ella... Sus ojos parecían mucho más bellos que los brillantes y las piedras preciosas, brillaban como dos soles y en sus ojos se veía el paraíso. Cuanto más la miraba, más la quería ver; cuanto más la veía, más la amaba y la amaba con todas mis fuerzas”. Si así de hermosa es María, ¿cómo será Jesús? María es la puerta de entrada al amor de Jesús. Por esto, hay muchos que llegan a Cristo por medio de María. Esto le pasó a Gustavo Bickel, gran sabio orientalista, protestante, que en 1865 se hizo católico y sacerdote. Beda Camm, anglicano, se hizo monje benedictino. Algo parecido podemos decir de los cardenales ingleses Newman y Manning, convertidos del anglicanismo. El judío San Alfonso de Ratisbona se convirtió el 20 de enero de 1842, después de una experiencia maravillosa en la iglesia de S. Andrés de Roma, donde vio a María. También podríamos citar a Max Thurian, uno de los fundadores de la Comunidad ecuménica Taize de Francia, que se convirtió y se hizo sacerdote católico en 1987 a los 66 años de edad. ¿Qué hizo que éstos y otros muchos, convertidos por medio María, llegaran a Cristo Eucaristía y lo amaran con todo su corazón y dejaran el mundo con todas sus atracciones y se hicieran sacerdotes? María es el camino, el puente, la puerta para llegar a Jesús, como lo fue también para mi amigo José Cuperstein. El me manifestaba así su testimonio:“Yo soy de familia judía y practicaba la religión judía. Estaba casado y tengo dos hijos. Después de algunas desavenencias con mi esposa, decidimos divorciarnos y yo le di el libelo de repudio, según nuestra religión. Por mi parte, seguía trabajando en mi negocio y buscando un porvenir para mi vida, cuando el 24 de setiembre de 1982 fui a cenar a un restaurante en compañía de mis padres. Este restaurante “Agua viva” estaba dirigido por unas laicas consagradas. Ya, a la entrada, me impactó una linda imagen de María y, por un impulso interior, le pedí que ayudara a mi padre enfermo. Al final de la cena, las hermanas cantaron el Ave María y esto me emocionó mucho. Aquí comenzó el proceso de mi conversión, pues la Virgen Santísima me concedió lo que le pedí y, a partir de entonces, todos los meses le llevaba flores a aquella imagen de María. En febrero del 83 tuve un sueño decisivo. Soñé que me perseguían y me refugié en una casa antigua, colonial. Llegué a un salón grande, donde había un enorme crucifijo. Me postré ante el Cristo crucificado y vi cómo desaparecieron mis perseguidores. Y sentí tanta paz al despertar que, des- de entonces, comencé a conocer y a amar más al Señor Jesús. Ese mismo año me bauticé y, después de mi bautismo, acostumbraba a ir a la Iglesia de S. Pedro, en el centro de Lima, donde me había bautizado, para rezar el rosario, oír misa y comulgar Todos los días, iba a visitar a mi amigo Jesús Eucaristía y me quedaba de rodillas en silencio ante El. Era mi encuentro personal del día, de la misma manera que lo tuvo el leproso con Jesús hace dos mil años. Así, sin darme cuenta, empezó mi camino al sacerdocio. Por supuesto que esto no fue fácil, tuve que dejarlo todo, no sólo mi negocio para estudiar en el Seminario, también perder el amor de mi familia. Pero el amor a Cristo fue más fuerte y el 7-10-93 me ordené de sacerdote”. Actualmente el P. José trabaja solo en una gran parroquia de la periferia de Lima. El, como tantos otros convertidos, llegó a Cristo Eucaristía por María. Y ha hecho de la Eucaristía el centro y el sentido de su vida cristiana y sacerdotal, rezando el rosario completo cada día en honor de María. Una religiosa me escribía así: “La Eucaristía sin María no se comprende. Yo, siempre que saludo a Jesús en el sagrario, saludo también a María. Me gusta saludarlos hasta cuando vamos de viaje, al pasar por los pueblos, o al ir por la ciudad y pasar delante de una Iglesia. Todos los días me uno a todas las misas que se celebran en el mundo. Pienso en tantas manos sacerdotales, elevando la hostia y el cáliz al Padre por la salvación y santificación del mundo. Y quiero, unida a la Madre corredentora y dentro de su Corazón, estar al pie de cada altar, en donde se esté celebrando el santo sacrificio. Y así como Ella ofreció a su Hijo en la cruz al Padre y se ofreció con El, así yo quiero ofrecerme con Ella y en Ella y ofrecer a cada sacerdote. Todos los días voy con Ella a recibir a Jesús en la comunión, le pido que me prepare, que quite las malas hierbas de mi jardín, que adorne mi alma, que venga conmigo y me deje sus ojos puros para contemplar a Jesús y su Corazón para amarle. Mis coloquios, después de comulgar, suelen ser también con María, porque donde está el Rey está también la reina”. Pues bien, “vete y haz tú lo mismo” (Le 10,37), vete a comulgar con todo fervor y pide a María que te acompañe. “La mejor preparación para la comunión es la que se hace con María” (S. Pedro Eymard). Y dile más o menos así: “María, Madre mía, tu primera comunión duró nueve meses. Ayúdame a comulgar con una pureza total. Préstame tus manos para tocar a Jesús, tus labios para besarlo, tus brazos para abrazarlo y tu Corazón para amarlo”.Tomado del libro JESÚS EUCARISTÍAEL AMIGO QUE SIEMPRE TE ESPERA: Angel Peña O.A.R.Lima – Perú    
06 Mar 2008
Admin · 13 vistas · Escribir un comentario
MADRE DE DIOS
LA SERPIENTE Y EL AVE MARÍA SUEÑO 40.—AÑO DE 1862.«[San] Juan Don Bosco tuvo una nueva prueba de los continuos asaltos promovidos por el demonio contra las almas, de los perjuicios que ocasiona, de la necesidad de emplearse en continuas batallas para rechazarlo y arrancarle sus víctimas. Un centenar de alumnos habían regresado de casa para prepararse, después de los exámenes de reparación,al nuevo curso escolar.El 20 de agosto de 1862, después de rezadas las oraciones de la noche y de dar algunos avisos relacionados con el orden de la casa, el buen padre dijo:Quiero contarles un sueño que tuve hace algunas noches.Tal vez se trata de la noche precedente a la festividad de la Asunción — observa Don Lemoyne—.Soñé que me encontraba en compañía de todos los jóvenes en Castelnuovo de Asti, en casa de mi hermano.Mientras todos hacían recreo, viene hacia mí un desconocido y me invita a acompañarle. Le seguí y me condujo a un prado próximo al patio y allí me indicó entre la hierba una enorme serpiente de siete u ocho metros de longitud y de un grosor extraordinario. Horrorizado al contemplarla, quise huir.—No, no, —me dijo mi acompañante—; no huya; venga conmigo.—¡Ah!, —exclamé—, no soy tan necio como para exponerme a un tal peligro.—Entonces —continuó mi acompañante—, aguarde aquí.Y seguidamente fue en busca de una cuerda y con ella en la mano volvió nuevamente junto a mí y me dijo:—Tome esta cuerda por una punta y sujétela bien; yo cogeré el otro extremo y me pondré en la parte opuesta ya sí la mantendremos suspendida sobre la serpiente.—¿Y después?—Después se la dejaremos caer sobre la espina dorsal.—¡Ah! No; por caridad. Pues ¡ay de nosotros si lo hacemos! La serpiente saltará enfurecida y nos despedazará.—No, no; déjeme a mi —añadió el desconocido—, yo sé lo que me hago.—De ninguna manera; no quiero hacer una experiencia que me puede costar la vida.Y ya me disponía a huir, cuando el tal insistió de nuevo, asegurándome que no había nada que temer; y tanto me dijo que me quedé donde estaba dispuesto a hacer lo que me decía.El, entre tanto, pasó del lado de allá del monstruo,levantó la cuerda y con ella dio un latigazo sobre el lomo del animal. La serpiente dio un salto volviendo la cabeza hacia atrás para morder al objeto que la había herido, pero en lugar de clavar los dientes en la cuerda, quedó enlazada en ella mediante un nudo corredizo. Entonces el desconocido me gritó:—Sujete bien la cuerda, sujétela bien, que no se le escape.Y corrió a un peral que había allí cerca y ató a su tronco el extremo que tenía en la mano; corrió después hacia mí, cogió la otra punta y fue a amarrarla a la reja de una ventana.Entre tanto la serpiente se agitaba, movía sus espirales y daba tales golpes con la cabeza y con sus anillas en el suelo, que sus carnes se rompían saltando en pedazos a gran distancia.

Así continuó mientras tuvo vida; y, una vez
que hubo muerto, sólo quedó de ella el esqueleto pelado y mondado.Entonces, aquel mismo hombre desató la cuerda del árbol y de la ventana, la recogió, formó con ella un ovillo y me dijo:—¡Preste atención!Metió la cuerda en una cajita, la cerró y después de unos momentos la abrió. Los jóvenes habían acudido a mi alrededor. Miramos el interior de la caja y nos quedamos maravillados. La cuerda estaba dispuesta de tal manera,que formaba las palabras: ¡Ave María!Pero ¿cómo es posible?, —dije—. Tú metiste lacuerda en la cajita a la buena de Dios y ahora aparece de esa manera.—Mira —dijo él—: la serpiente representa al demonio y la cuerda el Ave María, o mejor, el Rosario, que es una serie de Avemarias con la cual y con las cuales se puede derribar, vencer, destruir a todos los demonios del infierno.. Entretanto tengamos presente lo que dijo aquel desconocido respecto al Ave María y el Rosario. Recemos devotamente ante cualquier asalto de la tentación seguros de que saldremos siempre victoriosos.
05 Mar 2008
Admin · 12 vistas · Escribir un comentario
MARIA CUAN TIERNA ERES


La más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas 

Fuente: Catholic.net

Autor: P. Sergio Córdova LC

 

            El sacerdote y escritor español José Luis Martín Descalzo narra en una de sus obras: «Recuerdo que hace ya muchos años, me encontraba desayunando en la cafetería de un hotel de Roma. Se me acercó una chica japonesa, y me preguntó si yo era sacerdote. Le respondí que sí, y entonces me dijo a bocajarro:

 –“¿Podría usted explicarme quién es la Virgen María?”. Sus palabras me sorprendieron tanto que sólo supe responder: –“¿Por qué me hace esa pregunta?”. Y aún recuerdo sus ojos tan conmovidos cuando me explicó: –“Es que ayer oí rezar por primera vez el Avemaría, y no sé por qué me he pasado toda la noche llorando”. Y entonces tuve que explicarle que también yo necesitaría pasarme muchas noches llorando para poder responder a esa pregunta....».  Y para ti, querido amigo, ¿quién es la Virgen María?... La solemnidad del día de hoy nos da una respuesta, que corresponde a uno de los muchos títulos de María Santísima:  1) María es la Madre de Dios.  ¡Tantas veces lo hemos escuchado y lo rezamos cada día que tal vez ya nos hemos acostumbrado! Debido a nuestra educación y al ambiente en el que vivimos, tal vez ya no nos impresiona ni nos dice nada –como sucede, tristemente, con tantas otras verdades y misterios de nuestra fe—. A fuerza de repetir las cosas, nos hemos arrutinado e insensibilizado.  Pero no era así para los cristianos de los primeros siglos de la Iglesia. Les parecía algo increíble, inaudito y –si me permiten la expresión— algo apoteósico. ¿Cómo era posible que una criatura humana pudiera ser la madre del Dios infinito y omnipotente? Eso sólo cabía en los mitos paganos y en los círculos heréticos de la religión politeísta. Y tanto era así que insignes teólogos de entonces se opusieron rotundamente a esta afirmación. Y cuando no aceptaron la doctrina de la Iglesia, se convirtieron en “herejes”: Arrio, Nestorio y otros.  ¡María Santísima es realmente la Madre de Dios! Así lo había revelado Dios mismo en la Sagrada Escritura y lo ratificaban los Santos Padres y los Concilios de la Iglesia. Fue en Éfeso, el año 431, cuando se proclamó solemnemente a María como la “Theotókos”, la que engendró a Dios. Y después de once siglos exactos, el año 1531, María de Guadalupe se aparecía en México al indio Juan Diego, diciéndole: “Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive”.  María ha engendrado al Hijo de Dios y Dios ha nacido de las entrañas purísimas de María porque Él así lo ha querido. El Verbo se hizo carne en María y así pudo habitar entre nosotros, para redimirnos y realizar el plan de salvación. Gracias a ella, Dios ha podido hacer nuevas todas las cosas.  Como afirma bellamente san Anselmo: “Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María.  Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y así rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María. Por eso, Dios es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de la creación y María es madre de la universal restauración”.  2) Y María, por ser la Madre de Dios, es también todopoderosa como Medianera.  San Bernardo y los Santos Padres solían llamarla “Omnipotentia supplex”, la Omnipotencia suplicante. Porque es la más poderosa de las reinas y la más eficaz de las intercesoras. En Caná arrancó a su Hijo el primer milagro “cuando aún no había llegado su hora”. Y puede hacer siempre lo mismo, si acudimos a ella con fe, con confianza y amor filiales, pues una madre no niega nada a un hijo.  Los siglos XV y XVI fueron una gravísima amenaza para la cristiandad. Los turcos arrasaban Europa con la pretensión de conquistarla para el Islam (hoy también se cierne un peligro no muy diferente). Y entonces el Papa Pío V armó a la Iglesia con el santo Rosario para la defensa de la civilización cristiana. El 7 de octubre de 1571 la flota cristiana presentó batalla a los turcos en Lepanto. La victoria fue clamorosa. Por eso el sultán Solimán decía: "Le tengo más miedo a las oraciones del Papa que a los ejércitos europeos". ¡A las oraciones a María Santísima!  Fátima, Lourdes, persecución de la Iglesia en el siglo XX y XXI... Las cosas no han cambiado demasiado. Y María sigue siendo hoy y siempre el “Auxilio de los cristianos”.  3) María es también mi Madre.  Entonces, con María, ¡estamos seguros, somos poderosos! San Estanislao de Kotska solía repetir, lleno de ternura y emoción: “¡La Madre de Dios es también mi madre!”. Y en esta expresión encerraba toda su relación íntima, personal y afectiva con María Santísima. Un amor mutuo que enlazaba ambos corazones y en él se sentía acogido y protegido.  Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sobra? ¿No estás por ventura, en mi regazo?”… Ya sabemos de quién son estas palabras. ¡Todos necesitamos de una madre, necesitamos de María! Sobre todo en los momentos difíciles de la vida, en la aflicción, en la soledad, en la tribulación. Ella nos consolará, nos confortará, nos acompañará en el camino de la vida hasta llegar al cielo, a la presencia adorable de su bendito Hijo.  Por eso, en este día en que iniciamos el Año nuevo y en el que celebramos la solemnidad de la Madre de Dios, acudamos a nuestra Madre santísima, postrémonos ante ella, acojámonos en su regazo maternal y, con todo el afecto de nuestro corazón, consagrémosle todo nuestro ser.  ¡Ella es la más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas! Con ella todo lo podemos. Pidámosle con todas las veras de nuestra alma lo que traigamos en lo más íntimo de nuestro corazón y ella nos lo concederá. Y ojalá que nosotros también podamos decir, como el Papa Juan Pablo II: “Totus tuus, Maria, ego sum!”, “Todo tuyo, María, yo soy!”.      


Hay un tren, llega ya  a tu estación,
hay un tren, es la Iglesia de Dios,¡¡¡Súbete...!!! no lo dejes pasar, ¡vámonos!sube al tren de la Iglesia de Dios... Cada vagon, lleva a los hijos de Dios,cada vagon...¡Que distintos son...!pero todos juntos por la misma vía,van a la Casa de Dios.
01 Mar 2008
COMO REZAR EL ROSARIO
01 Mar 2008
Admin · 15 vistas · Escribir un comentario

1, 2  Página siguiente